Victoria Benatar, enlazando la tecnología con el buen gusto

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 POR JOHANN STARCHEVICH | FOTOS LAURIE RHODES

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Victoria Benatar está orgullosa. Estrenó la nueva página web de su firma de arquitectura (www.victoriabenatar.com) que, por cierto, fue ubicada, por un influyente site, entre las tres mejores de la ciudad de Nueva York por la calidad ofrecida a sus clientes. Está segura de que su renovado nicho digital le dará impulso (aún más) a su prolija carrera, que transcurre entre los proyectos arquitectónicos, la decoración y la docencia, desarrollados entre Caracas, Madrid, Miami y Nueva York, su ciudad base desde hace dos décadas. Su primer contacto con lo digital fue en Caracas a sus 25 años, hurgando en la computadora de su hijastro mientras éste se encontraba en la escuela. Eran los años 80 y sabía que en ese mundo estaba el futuro de su carrera. Si se desligaba de él, recuerda, significaría su exclusión a las nuevas tendencias y caminos que iban a tomar la Arquitectura y el diseño.

Y tuvo toda la razón. Benatar viajó a Nueva York en 1996 para estar un año haciendo un master de Diseño Urbano en la prestigiosa Columbia University. Gracias a su destreza en las herramientas digitales, su plan de doce meses se convirtió en uno que lleva casi 21 años. En la Gran Manzana, pasó de ser una asistente digital de la universidad donde cursó estudios, a la docente que creó la unidad digital de la academia de diseño Parsons, lugar donde sigue dictando clases. A la vez, logró consolidar su firma Victoria Benatar PLLC y educar (con todo lo que implica) a su hija.

“La verdad es que estaba en el lugar adecuado, con la educación adecuada y en el momento perfecto”, comenta Benatar al hacer un balance de su presencia en Estados Unidos. Entusiasta por la docencia, esta egresada de la UCV admite que trata de reinventar su carrera cada década para adentrarse en nuevos territorios junto a sus clientes y amigos. También confiesa su admiración de los trabajos de Zaha Hadid, Herzog & de Meuron, y Bjarke Ingels y revela que su mayor inspiración es su hija, quien la llevó a emigrar a Nueva York a los 7 años de edad (Benatar tenía en ese entonces 33). A pesar de la distancia, la arquitecta mantiene su contacto en Venezuela con familiares y amigos, así como su activa participación en organizaciones locales como Fundana o de eventos organizados por la comunidad venezolana radicada en Nueva York. “Soy venezolana y allí tengo raíces que no puedo ni obviar ni olvidar”, suelta esta creadora en un cuestionario respondido a Hábitat Plus, en el que profundiza sobre la función que debe tener la arquitectura, el diseño y la docencia para mejorar la calidad de vida de los seres humanos.

 

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– ¿Entre la Arquitectura, el diseño interior y la docencia, en cuál de estos campos se encuentra más a gusto?

Son tres actividades que se complementan: La Arquitectura es mi pasión y la vía para crear lo que no existe. Desde que estudiamos la carrera, a los arquitectos nos entrenan para entender el manejo de la complejidad y procesamiento de toda la información

pertinente a cada proyecto: al entorno, el terreno, el cliente, las nuevas tecnologías, la legislación y los requisitos estructurales y de instalaciones, el presupuesto.

Creo que el trabajo de arquitecto nos da la posibilidad de visualizar en tres dimensiones las ideas que se derivan del análisis de toda esta información. Todo lo anterior, se entrelaza, a los recuerdos, al conocimiento y a las experiencias para generar un proyecto que, hasta entonces, sólo habitaba en nuestra mente.

Definitivamente, ser arquitecto se convierte en un estilo de vida.

– ¿Y el diseño interior?

Esto es similar a lo que entiendo sobre la Arquitectura, pero a una escala más íntima. Tiene más que ver con la experiencia que deseo crear para los usuarios. Ellos son los que habitan estos espacios de forma individual. El diseño interior es una herramienta que utilizo para activar todos los sentidos y, así, crear espacios armónicos y personalizados que contribuyen con el bienestar de los clientes.

Durante 30 años de carrera, he comprobado que el diseño tiene una función y que, a través de ella, se puede mejorar la calidad de vida de la gente tanto en sus lugares de habitación, de trabajo, como de recreación. Este bienestar creado repercute –indiscutiblemente- en la productividad, la paz y la felicidad de quienes habitan estos espacios.

– ¿Cuál ha sido el aporte de la docencia para su carrera?

Ser docente es una actividad que también disfruto mucho. Es muy motivante e inspirador estar en contacto directo con jóvenes inteligentes y creativos que vienen de todas partes del mundo. Ayudarlos a convertirse en arquitectos o diseñadores es una tarea maravillosa. Es como ver germinar una planta hasta que da sus frutos, cuando se convierten en profesionales exitosos.

Esa diversidad y el contacto con ellos y sus ideas en germinación, me ha ayudado a abrir mi mente y a entender mejor a las personas que tengo a mi alrededor: sean alumnos, colegas, clientes amigos y a los seres humanos en general.

-Usted dice que el diseño puede influir positivamente en la calidadde vida de las personas, ¿Cómo hace para lograr esta premisa en cada uno de los espacios que le ha tocado intervenir?

Para vivir en armonía y paz es necesario que existan límites. Estos contribuyen a que se imponga un orden. A veces, hay disputas entre familias o parejas, porque en el espacio no existen los límites necesarios para convivir. No es mi idea de orden o límite, sino el de cada persona. Al comprender lo que cada cliente desea y las posibilidades de lo que puede brindar cada espacio, se logra el objetivo para poder diseñar espacios a la medida de cada persona.

Cuando cada cosa tiene su lugar es posible mantener orden y al mantenerlo se vive mejor y más feliz. La falta de límites y orden ocasiona caos, stress y frustración. La idea es crear ambientes armónicos que estén hechos a la medida de quien los usa, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.

– ¿El diseño de interiores, es un oficio que se limita sólo para fines comerciales y gente con dinero?

No. El concepto de cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa se puede llevar desde una vivienda u oficina multimillonaria hasta la vivienda o comercios más sencillos.

La idea de buscar la armonía y la paz es universal, así como lo es la búsqueda del bienestar. Tengo el deseo de poder hacer viviendas de bajo costo o de interés social donde pueda demostrarlo. Un buen diseño no tiene por qué ser costoso, tiene que ser bueno. Pongo como ejemplo las tiendas de Ikea, que proclaman diseño y bienestar para todos.

 

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– ¿En la ciudad de Nueva York se pueden hacer buenos proyectos de interiorismo con poco dinero?

Por supuesto. En Nueva York y en cualquier parte. He estado confrontada con proyectos ambiciosos, desde el punto de vista espacial con poco presupuesto. De hecho, estos son proyectos que representan un reto. Son proyectos divertidos y reconfortantes al lograr los objetivos planteados de acuerdo a las exigencias y requerimientos del cliente.

– Un secreto para optimizar al máximo un espacio comercial y privado

Yo optimizo todos los espacios cuando los diseño. Esa es una de mis más grandes cualidades: la habilidad de usar absolutamente todo el espacio piso, paredes y techo. Hasta las ventanas.

– Su firma de arquitectura ha sido reconocida en Nueva York por el servicio que ofrece ¿En qué se diferencia su firma de otras que operan en la ciudad?

En mi firma le doy atención personalizada a cada cliente, esforzándome en entender sus necesidades, sus recursos, así como las características del espacio. Esto me permite que cada trabajo, sea de arquitectura o de interiores, se convierta en una inversión en lugar de un gasto. Me encargo de darle valor a las propiedades que se revalorizan entre un 20 y 30%, después de nuestra intervención.

– ¿Cómo afrontó el reto de ser mujer e inmigrante en una ciudad como Nueva York?

Uff, pues haciendo lo que hay que hacer. No pierdo tiempo en lamentaciones, ya que todo está en la mente. Si uno se siente fuerte, es fuerte. Si te sientes invencible, eso eres. El secreto está en no dejarte medir por los demás, sino por tu propio metro interno.

– En 30 años de trayectoria, con reconocimientos y una sólida carrera en la docencia, ¿considera que ha llegado a la cúspide? ¿Hay algo que le hace falta por hacer en su vida profesional?

Claro que no, si ese día llegara ya no necesitaría vivir. Yo mientras viva y mientras pueda, seguiré trabajando como el primer día: llena de entusiasmo y con el objetivo de seguir aprendiendo para hacer lo mejor que pueda. Cada 10 años me re-invento para darle un giro a mi carrera, para entrar en territorios nuevos y poder cada vez ayudar a más gente a vivir mejor. Ese es un factor de motivación: pensar que cada vez puedes hacerlo mejor.

– ¿Tiene pensado retornar a Venezuela para trabajar, o el país quedó como un lugar de su pasado?
Si mi país requiere de mí y de mis servicios, con gusto regresaría para desarrollar algún trabajo puntual, así como lo he hecho en muchas oportunidades y lo sigo haciendo. De hecho, estoy en conversaciones con un grupo local para el desarrollo de un proyecto hotelero y de uso mixto.

Soy venezolana y allí tengo raíces que no puedo ni obviar ni olvidar.

– Si tuviera el poder de cambiar algo del tejido urbano de Caracas, ¿qué cambiaría?

Si tuviera ese poder, legislaría los barrios para que se convirtieran en áreas seguras y con todos los servicios. De hecho hay varios proyectos de colegas que van en esa dirección. Me encantaría ser ministro de Desarrollo y poder legislar para lograr cambios que favorezcan a la mayoría que vive en condiciones de pobreza. De hecho, con esta frase me gané mi primer trabajo de docente. En la entrevista de Columbia, me preguntó el Decano Dean Bernard Tshumi que por qué quería enseñar habiendo tenido una firma exitosa en Venezuela y le contesté: “yo quiero ser ministro de Desarrollo de mi país y para serlo tengo mucho que aprender y la mejor manera de aprender es enseñar”.

-Usted ayuda a organizaciones contra el Sida en EE.UU. y Fundana en Venezuela, ¿Un arquitecto debe tener siempre un rol social?

Es importante dar y ayudar a las personas que no tienen una voz. Si cada uno de nosotros diera un poquito, viviríamos en unmundo mejor.

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