Rolando Peña: En la cuerda floja sin malla protectora

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Por Inés Yanes / Fotos Julio Osorio

 

A propósito del mural recientemente inaugurado en la Universidad Metropolitana, conversamos con el artista plástico Rolando Peña sobre los nuevos tópicos de sus obras y sobre la relación arte, ciencia y tecnología. No dejamos de lado, por supuesto, al preciado barril dorado de petróleo, mene sagrado y digital que se conecta con una identidad que es en primera instancia personal, luego metafísica y por último universal.

 

Dónde se encuentra actualmente la idea del petróleo en Rolando Peña. ¿Se ha ido más allá de la identidad personal, como en su muestra El Petróleo Soy Yo, para transformarse en una abstracción de la bandera que pierde sus horizontes en la ciencia y en sus verdades prácticamente universales?

 

El petróleo es mi ADN. De niño me tomaron una foto frente al Lago de Maracaibo, imagen que me quedó grabada: un gran cementerio de torres y el ruido de los balancines, a los que llamé El Dulce Pájaro de la Muerte. El petróleo me intrigó desde un principio y lo trabajé con una idea clara, política, y sobre todo, ecológica. Venezuela vivió y vive del petróleo, nuestra cultura se formó a partir de él y para mí esa relación es muy importante, constantemente me preguntaba que éramos nosotros como país, y lo hacía en una relación de amor y odio. Esto me planteaba una contradicción; me decía que el petróleo era terrible ecológicamente. Fue por eso que en un principio mis trabajos fueron más políticos y agresivos para luego transformarse en algo más ecológico, que por un lado celebra su aparición pero por otro resulta un gran desastre. Esa búsqueda la asumí como una bandera personal en los ‘70. Mi planteamiento es que el petróleo sea utilizado de una forma amigable y para lo que se necesita, no para enriquecernos ni como arma de guerra.

 

Recientemente inauguró un mural en la Universidad Metropolitana, cuya premisa radica en el Bosón de Higgs o “la partícula de Dios”, de la cual se discute su existencia. Háblenos un poco de ello.

 

Comencé a trabajar el Bosón de Higgs con Claudio Mendoza, un genio y un excelente astrofísico. Ya había trabajado con él en El Modelo Estándar de la Materia, donde utilizamos el barril de petróleo como elemento atómico. Posteriormente hicimos El Barril de Dios, basado en el Bosón de Higgs y luego se anuncia en los medios la posible existencia de esa partícula. Es entonces  “La idea del camuflaje es la idea de la gran mentira, tal como pasa en el arte”. Cuando vuelvo a trabajarlo en este mural. Me entusiasmé mucho por la idea de intriga y camuflaje, como me ocurre con el petróleo y sobre todo con el barril. La idea del camuflaje es la idea de la gran mentira, tal como pasa en el arte. Al final los artistas somos unos embusteros seductores, embusteros con gracia, embusteros sacros.

 

Estamos hablando de una nueva era en la Física de Partículas que implica avances para la medicina, la industria y el medio ambiente. Cuáles serían los avances en su trabajo con respecto a la relación arte-ciencia-tecnología. Yo voy con mi entorno y con lo que sucede. Lo hago desde los ‘60, por ejemplo, con José Ignacio Cabrujas en el homenaje a Henry Miller, donde ya utilizaba elementos tecnológicos con proyecciones audiovisuales de sangre, vísceras, etc. No veo al arte como la pintura o la escultura pura, el arte es una amalgama de todas las disciplinas. Siempre lo he mezclado con la tecnología, y en este sentido me siento pionero, pues en los ‘60 ya tenía un lenguaje y algo que decir, que no era una copia de lo que se estaba haciendo.

 

¿Cree que hoy en día ha perdido valor la individualidad artística ante la colectividad que plantea, por ejemplo, la pluralidad de conocimientos que trae el internet y las redes informáticas?

 

Yo soy un gran individualista, pero pienso que igualmente la colectividad es importante. Uno tiene que estar comprometido con su entorno y su sociedad. En mi caso siempre he estado comprometido, incluso desde afuera. Es claro que soy un individuo con un lenguaje muy particular, pero a pesar de ello me debo al colectivo. Cuando trabajé con Wharhol en La Factoría, todo el mundo era una personalidad, sin embargo nos reuníamos y aportábamos ideas para todos los proyectos. Wharhol era una esponja que estaba consciente de lo que le daba el grupo que lo acompañaba.

 

En otras entrevistas usted afirma que el rol del artista es el de abrir puertas y ventanas y que el arte es el gran reto a la inteligencia. Actualmente, cuál es la verdadera efectividad de esa comunicación en nuestro país.

 

En Venezuela estamos pasando por uno de los momentos más negativos de la historia. No sabemos claramente hacia dónde vamos. Sin embargo veo, a pesar de lo dramático, que hay una generación de escritores, poetas y artistas que están creando zonas positivas. Como ya dije, nuestro rol es abrir puertas y ventanas, y agregaría además que es también crear zonas positivas. El arte es un elemento maravilloso que da esperanza y que seduce.

 

Hace poco, en ocasión del premio que le otorgó la AVAP, el maestro Perán Erminy resaltó tu posición en la defensa de la libertad y tu espíritu contestatario. ¿Cree que el arte de nuestros jóvenes extraña ese espíritu, o el problema, si es que existe alguno, va más allá?

 

Lo que siento es que actualmente hay una política mal interpretada que ha copado los espacios y ha reprimido mucho a la cultura. Desde que nací he tenido ese espíritu y daría mi vida por la libertad. Con esto me refiero a la libertad total, libertad sexual, religiosa, política, filosófica, etc. Todos tenemos derecho y todos tenemos razón, el problema viene cuando se anteponen tus necesidades o tus apetencias sobre las de otros.

 

¿En sus comienzos cuáles fueron los artistas o movimientos que más le influyeron y a cuál tiene presente en su trabajo plástico hasta el día de hoy?

 

Son muchos, pero creo que serían Soto, Marisol Escobar, Wharhol, Cabrujas, El Techo de la Ballena en donde conocí a Adriano González León, a Salvador Garmendia y a muchos más. Vengo fundamentalmente

de la danza y el teatro, por ello también me impresionaron personas como Martha Graham, Marlon Brando y James Dean. De la música, el jazz fue para mí la “improvisación de Dios. Leonardo Da Vinci me parecía extraordinario con sus inventos, también Piero della Francesca y Duchamp, que en mi opinión fue uno de los genios del arte contemporáneo de la humanidad.

 

Siempre va vestido de negro, una de las razones por la que aún lo llaman El Príncipe Negro. ¿Hay en su guardarropa alguna prenda que no sea negra?

 

No, ninguna, desde los 14 años me visto de negro. Solo en una ocasión, en el año 78, una novia italiana me obligó a vestirme de lino blanco de Milano, y fue la única vez (risas).

 

¿Se declararía por ello performancista hasta la muerte?

 

Por supuesto, un artista performancista hasta la muerte, un poeta de lo desconocido y siempre estoy caminando por la cuerda floja sin malla protectora.

 

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