Réquiem para Tomás Lugo Marcano

Share Button

Por Johann Starchevich | Fotos Julio Osorio

captura-de-pantalla-423

Tomás Lugo trabajó hasta sus últimos días en busca de su mejor edificio. Nunca se conformó con haber inmortalizado su ingenio con el diseño del Teatro Teresa Carreño, el mayor complejo cultural de Venezuela, o el Centro Nacional de Acción Social Por la Música (CNASPM), que alberga al Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles. Lugo siempre estuvo preocupado por dar lo mejor de sí. Seguro estaba al tanto de que un complejo levantado con su sello era sinónimo de un espacio urbano que procuraba mejorar la calidad de vida de sus habitantes. No fue compositor ni cantante, tampoco se le conoció por una obra dramatúrgica. Mucho menos por destacar como bailarín o director de orquesta. Sin embargo, Tomás Lugo Marcano dio hasta el día de su muerte un aporte indiscutible al desarrollo de las artes escénicas nacionales a través de su obra arquitectónica.

Lugo siempre decía que el lazo que ataba su trabajo con la música fue producto de la casualidad. En sus cinco décadas de carrera profesional, este arquitecto logró exprimir sonidos a sus edificios al proyectar las salas y los auditorios más importantes del país.  No importaba el tamaño o la naturaleza del proyecto, Lugo se las ingeniaba para optimizar la funcionalidad de los espacios. Decía que el éxito de cada proyecto, estaba sujeto a la correcta incorporación de factores como la ingeniería, la mecánica, el sonido, la iluminación y el diseño.

6a017744a876c0970d019b0188937a970b-320wiY esos elementos fueron los que se mezclaron a la perfección en su obra más recordada: el Teatro Teresa Carreño de Caracas, el mismo que llegó a su vida a los 28 años al ganar un concurso convocado por el Centro Simón Bolívar con sus colegas Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel, a principios de los años 70. Un complejo cuyas magnitudes similares “quizás no se construya en un siglo” en Venezuela, recordó este creador en una entrevista que concedió a Hábitat Plus en 2013. Pero este coloso levantado sobre 20.000 metros cuadrados del parque Los Caobos, concebido a partir de módulos hexagonales, triángulos y cubos, donde se muestran  obras de los artistas más importantes del país, no fue su creación más importante.  “Eso fue una obra más”, decía en un intento para minimizar el impacto que dejó el teatro en su carrera.

Lugo siempre confió que su encargo más ambicioso fue el CNASPM, el edificio de estilo industrial que tardó 13 años para ser inaugurado y que le permitió tejer amistad con José Antonio Abreu, el creador de “El Sistema”.  “Esto fue un proyecto mucho más humano porque nuestra intención no era formar músicos, sino orquestas”, recordaba.

920214_621114184584181_1325890091_oSin embargo, el CNASMP tampoco fue el trabajo más representativo para este nativo de San Tomé, estado Anzoátegui. La sede de la Academia de Cine y Televisión de Venezuela, que concibió sobre un terreno en Quebrada Honda, cercano al cuartel general de las orquestas juveniles venezolanas, fue el edificio  del que se sintió más orgulloso.  Pero el destino hizo que esa infraestructura no emergiera de las calles. La academia nunca se erigió por culpa de las diferencias que surgieron entre sus financistas.

Sencillo y discreto, Lugo vivió en Caracas en una vieja casa de San Bernardino que también fue su estudio. Repleto de planos y carpetas con datos sobre la construcción del Teatro Teresa Carreño y otras obras, el arquitecto pasaba horas con un cigarro en la mano, concibiendo espacios y esperando los presupuestos del Estado para culminarlos. Un ataque cerebro vascular a mediados de año no paró su creatividad, pero sí afectó a su cuerpo. El dos de noviembre Tomás Lugo Marcano murió, dejando como legado los espacios artísticos creados por su imaginación infinita. Todos esperando que su mejor obra salga, por fin, a escena.

“No importaba
el tamaño o la
naturaleza
del proyecto,
Lugo se las
ingeniaba para
optimizar
la funcionalidad de
los espacios”

captura-de-pantalla-422

 

Share Button