Orgullo caraqueño hecho de arquitectura

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Entre la fealdad aparente y el caos citadino, una guía de arquitectura y paisaje redescubre la estética y las joyas que abundan en la ciudad construida, su montaña y su paisaje marino, vistos por la arquitecto María Isabel Peña como un todo indivisible que se esperanza en la posibilidad de su rescate del valle al mar

POR: PEDRO ANTONUCCIO SANÓ | FOTOS: JULIO OSORIO

Llega el oportuno aliento arquitectónico hecho texto para alivio de la ciudad choreta, magullada severamente en su fisonomía patrimonial por un modernismo de tractor anfibio que ensanchó sus carencias y aplicó la hoz sobre su memoria. Rumbo a sus 450 años de fundada, arriba como un soplo que ilusiona su gentilicio caraqueño, arrojando luces sobre la inaplazable viabilidad de su recuperación. Uniéndose a los mil y un propósitos del clamoroso credo de William Niño Araque, que pedía que nos la tornaran “pulcra, sagrada, hermosa, transitable, virginal y posible, hecha de arquitectura”.tercero

Hálito pertinente que también guía a la metrópoli en su andar, abarcando desde sus páginas no sólo el respeto que se debe al monumento y a los valores surgidos desde su damero fundacional como ciudad, sino que su bocanada alentadora logra extenderse triunfante hasta esos predios que procuran la reconquista de su gobernabilidad, ofreciendo una mejor calidad para la vida-vértigo que sobrellevan sus ciudadanos, rescatando sus espacios públicos y culturales, así como el orgullo perdido que alguna vez sintieron por ella sus residentes.

Como si fuera un dique de contención referencial cosido en su estructura por la imagen, la geografía y el paisaje; pero también por la descripción geométrica, anécdotas e historia, que desde el inicio planta su cara de rígido rompeolas contra ese océano hecho caos por la marea del progreso, el libro “Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje” (Iván González Viso – María Isabel Peña – Federico Vegas, 2015), se convierte para inspiración del lector, en una propuesta necesaria ante el recuento de penumbras que históricamente ha deslucido a la caraqueña más desatendida: su ciudad.

Se trata de un reto editorial de proporciones optimistas; una suerte de 911 para un lector usualmeprimeronte en shock por el estatus de emergencia que caracteriza a su capital. Que se atreve a narrar en tres instancias, el pasado, presente y futuro caraqueño; hecho inicialmente historia revelada por sus planos; seguido por la arquitectura y espacios públicos de la urbe y el litoral, que incluyen hasta 10 zonas, fichas sobre lo edificado y sus respectivas coordenadas en un plano desplegable; asomando por último, desde lo alto del belvedere de la coordinación y las voluntades que lo hicieron posible, un conjunto de reflexiones que miran su porvenir, ayudando a ver aquello que en medio del caos, merece ser destacado, preservado o renovado. Y confiriéndole a la ciudad de Santiago de León de Caracas algo que parecía impensable, como decía el filósofo Karl Rosenkranz: una celebrada “estética de lo feo”.

“Si leemos Caracas como un texto, en general muestra un gran deterioro. Un sinnúmero de intervenciones se superponen a los edificios originales, sin reparo de las autoridades locales o hasta de sus mismos dueños. Nos cuesta entender el valor de lo moderno y trajeamos de ´ferreterías
urbanas´ a edificios, parques y calles que nos hacen dudar en dónde estamos. Por eso recurrimos a las fotos originales para confrontar al lector y hacerlo comprender su valor, al punto de querer revertirlo”, comenta la arquitecto María Isabel Peña, miembro del equipo investigador y coordinador de la Guía, citando a la multitud de jóvenes diseñadores que proponen nuevos repertorios de espacios públicos que merecen la pena explorarse, sin que ello evite evocar con grandilocuencia la obra de Malausenna, Burle Marx, Sttodart y Tábora.

“El primero, gran maestro de escenarios urbanos; los otros tres, aleccionadores para futuros espacios verdes”.

La historia de la Guía surge de la tertulia radial de tres amigos que conducían el programa “La ciudad deseada”, del que nació un llamado público destinado a lograr la colaboración que hiciera posible el proyecto, articulado en alianza con la Embajada de España y la Junta de Andalucía. Subrayándose entre los aspectos más representativos que conforman la obra metropolitana estudiada, lo que Peña entiende como “un todo indivisible”, que identifica invariablemente a “la urbe construida junto a su montaña y paisaje marino”.

-Podemos descubrir en ella -agrega- joyas de la arquitectura moderna como lo son la Ciudad Universitaria de Caracas, Hotel Humboldt y Club Puerto Azul; también el Parque del Este y El Calvario, que merecen disfrutarse y sobre todo mantenerse. En viviendas unifamiliares hay una mina apenas explorada en la Guía. Quedaron tantos edificios por incorporar y que merecen estar registrados, que tuvimos que dejarlos para un segundo momento. Nos hacen comprender la diversidad de nuestra ciudad y lo necesario de un observatorio de su evolución.

Entre las edificaciones y espacios notables, cuyos merecimientos impulsaron su inclusión en la Guía, destacan el Nuevo Circo (Alejandro Chataing y Luis Muñoz Tébar); Iglesia de Nuestra Señora del Carmen (Manuel Mujica Millán); el Correo de La Guaira (Luis Eduardo Chataing); Universidad Central de Venezuela (Carlos Raúl Villanueva); Hipódromo La Rinconada (Arthur Froehlich). Casa Andrade (Fruto Vivas). Y también, Parque Cristal (Jimmy Alcock); el Teatro Municipal de Chacao (Juan Andrés Machado y Eric Brewer) y Plaza Los Palos Grandes (Edwin Otero). Y un mucho más de largo etcétera con mayúsculas constituido por el Club Táchira, Casa Kavak, Iglesia Dulce Nombre de Jesús, Pasaje Zingg, Casa Caoma, Edificio Manhattan, Paseo de Los Próceres y Edificio Altamira.

“Existía una curaduría para la Guía elaborada por William Niño Araque hasta el año 2000. Nuestro amigo murió y con el tiempo sumamos al proyecto a otro arquitecto, Iván González Viso, quien junto a Federico Vegas, alguna vez iniciaron un proyecto similar con un exhaustivo texto sobre la planimetría de Caracas. Yo aporté la necesidad de incorporar el espacio público en todas sus escalas. La división de las zonas de la ciudad se hizo sobre la base de su comprensión como ámbitos que integran escenarios geográficos, urbanos y sociales con una atmósfera propia”, explica Peña.segundo

UN GRITO INTEGRADOR
En Madrid un antiguo matadero fue convertido en centro cultural. El Musée d’Orsay es una antigua estación de trenes revitalizada para el arte en París. Y Jean Nouvel recuperó la Fábrica de Cerveza Moritz (Barcelona, 1856), con sus antiguas maquinarias, transformándola en museo. Y aunque la evolución de Caracas responda a otros parámetros y recuerde a veces, por sus angustias y dilemas, “El Grito” famoso del pintor Edvard Munch, María Isabel Peña procura revestida de nuevo de la arquitectura que bien conoce, una versión más funcional que revela la dimensión del rugido de felino herido que ocupa la ansiedad del paisaje urbano caraqueño.

“Nuestro patrimonio arquitectónico-paisajístico es diverso y en él es posible identificar varias capas: ´la tradicional´ de la ciudad fundacional en la que la cuadrícula de Indias con sus paredes continuas es la primera referencia de ciudad del venezolano, replicada en cada capital o ciudad fundada durante la colonia. Con lo fundacional se hace referencia a los valores básicos: gobierno e iglesia tienen su asiento allí. ´La moderna´, que es producto del boom petrolero con un modelo extendido. Y ´la ciudad informal´, consecuencia del rapidísimo proceso de urbanización, al igual que el resto de Latinoamérica. Hoy se suman otras capas: invasiones, gentrificación-inversa, haciendo inserciones de pobladores de las márgenes en el centro. De allí que la ciudad pide a gritos nuevos repertorios de espacios públicos que integren, alojen diversidades y posibiliten bajar tensiones políticas y polarización. Hay que rescatarla del maltrato que ha sufrido y redescubrir sus valores”, dice.

Peña considera imprescindible para tal propósito, des-satanizar a la ciudad y permitir todos los mecanismos posibles que atraigan inversiones, devolviendo a las autoridades locales sus competencias y la transparencia de su gerencia con una mayor participación de la comunidad en la toma de decisiones.

Al citar proyectos de recuperación de espacios y obra arquitectónica, un trasfondo de ejemplos emblemáticos combinados por la buena práctica de preservación y su peso histórico, sirven para armar su argumento. “Hay que recuperar la Ciudad Universitaria porque es templo del mundo y también rescatar para todos la Ciudad Vacacional de Los Caracas, poniendo en práctica un turismo con instalaciones de gran potencial. Al igual que el Hotel Humboldt que quizás refleje el deber ser y las buenas prácticas de conservación, que podrían tener tantos edificios de la ciudad. A nivel de espacios públicos, la oportunidad de dotar a la ciudad de un gran parque como toda buena metrópoli está en el proyecto de La Carlota, que podría convertirse en el emblema de la ciudad que queremos todos: inclusiva y diversa. Así como la historia que se desprende de los monasterios, casas de cultura y edificios como el Palacio de las Academias que le dan una dignidad que no debe perderse y a la cual debemos acudir con nuestros herederos”.

“Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje” es una obra bilingüe de 622 páginas, que celebra con amplitud de visión al diseño venezolano. Su mirada diversa que ya piensa en la urbe del mañana, se nutrió del capital humano aportado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, cuyo esfuerzo ayudó a develar esa alma estilística que ha servido para edificar ciertamente la historia. Descubriendo reliquias que se convierten en torrentes de luz entre atmósferas urbanas pocos agraciadas, que no sólo rememoran la osada filosofía de Rosenkranz sino que reavivan ese orgullo caraqueño extraviado, ahora hecho de la más noble arquitectura.cuarto

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