Jacobo Borges: “me siento todavía un barroco”

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“A veces me da miedo la memoria. En sus cóncavas grutas y palacios (…) El infierno y el cielo están en ella”, dijo una vez Jorge Luis Borges al referirse a esos trazos de recuerdos que construyen el pasado de cada quien. Esa reflexión cabe perfectamente en el último trabajo artístico del otro maestro apellidado Borges. Del nacido en Catia, del antiguo militante comunista, aquél que a sus 80 años se apartó del pincel y se sumergió en el mundo digital para presentar su última exposición: “Paisajes de la memoria”, que se mantuvo hasta el 4 de diciembre en los espacios de la Galería Freites de Las Mercedes.

Se trató de 14 piezas digitales en gran formato en los que Jacobo Borges (Caracas, 1931), utilizó la computadora para crear un espacio donde se confundió el sueño con la realidad; y nos llevó a un viaje lleno de colores en el que el tiempo no existe. Como un arqueólogo, el maestro desenterró los recuerdos de su memoria para recrear algunos fragmentos de sus vivencias. “Son retazos de muchos paisajes, fragmentos y sensaciones de mi vida, en los que pinto, borro y vuelvo a pintar”, explica el Premio Nacional de Pintura 1963 y otro sinfín de galardones. Con estas técnicas digitales, el artista creó “capas” de pinturas que va descartando hasta hallar esa imagen que tanto desea. “Ese trabajo de arqueología no puedo hacerlo con la pintura, porque no puedo penetrar esas capas. Entonces con la técnica digital las tengo y consigo lo que quiero”, añade.

Jacobo Borges habla de la tecnología como si fuera un joven de 15 años. Asegura que ella es un instrumento para desarrollar la creatividad y preservar la memoria, pero advierte de los riesgos que significa para un creador sucumbir ante la copia y la falta de originalidad con el uso de las técnicas digitales. “En estos momentos, estoy jugando con una máquina y trabajando con la memoria. Lo importante es crear y el instrumento que estoy usando pasa a un segundo plano”, apunta.

Entre lo puro y lo revolucionario

Con la sabiduría que le otorga la experiencia, Borges llama a los artistas a convertirse en militantes de las ideas, en promotores de la libertad, que cuestionan los dogmas de aquellos defensores del pensamiento único

en el arte. “¿Qué es puro? Oyes a muchos que defienden eso y los ves usando Internet y automóviles. Ellos creen que vivimos en una isla incontaminada cuando vivimos en un mundo con múltiples ideas”, explicó el maestro. Por eso, cree que la “originalidad” y lo “revolucionario” en el arte es una ilusión, porque muere con la rapidez de las comunicaciones. “La ambición de todo gran artista es la de mantenerse vivo. Su lucha es la de mantenerse con el tiempo. A veces lo logra, otras veces no. Por ejemplo, Picasso supo mantenerse en la vanguardia, pero llegó momento en que no pudo más, porque otros movimientos y tendencias lo pasaron. Eso igual pasa con la ciencia, la política y la economía”, reflexiona.

Sin embargo, el maestro se pregunta si con tanta ruptura y continuidad, queda algo nuevo para las artes. Pasó un minuto cuando el propio Borges se respondió: “Yo vi a Alfredo Maneiro cuando fundó la Causa R comparando las revoluciones del mundo y dijo que todas ellas ‘no valen una gota de sangre’. Creo que eso pasa en el arte también. Muchas cosas que fueron una ruptura, veinte años después ya no lo son. Los Beatles cuando comenzaron eran un gran ruido, pero treinta años después son canciones románticas”, añadió.

La simple obsesión

Ante tanta sed de vida y reflexión, Jacobo Borges dice que con sus ocho décadas de vida le obsesiona una sola cosa en su carrera: alcanzar la simplicidad. “Yo pensaba cuando joven que, cuando llegara 80 años, me iba a conformar con nada. Siempre he creído que lo más simple es lo que tiene más. Sin embargo, yo sigo siendo barroco. Me cuesta llegar a lo más simple y sueño con que yo pueda llegar a eso. Si yo me imagino muchos años después, me siento todavía barroco, lleno de cosas y pensamientos”, señala.

Yo confieso …

La luz es mirarla de f rente y perder todo sentido de realidad.

Hay colores que los siento físicamente, en la piel. El color es una sensación extraordinaria.

La política es un ejercicio en el que todos estamos ahí, pero sin querer estarlo. mSin memoria no desarrollas la creatividad.

Cuando creas algo se mezclan esas dos cosas. Siempre he estado en reto, no puedes vivir sin un reto.

Para disfrutar un amor, hay que vivirlo como si fuese el primer día. Esto quiere decir que debemos tener una creatividad permanente.

Lo peor que puede hacer un ser humano es encerrarse en una jaula mental.

La multiplicidad de opiniones es una riqueza en la vida; el no aceptarla es una intolerancia.

Alejandro Otero fue el profesor que yo tuve, genial, a los 14 años.

Carlos Cruz Diez fue mi jefe y mi tutor durante mucho tiempo.

El Proyecto San Diego fue una aventura colectiva en la que nosotros acompañamos a ellas. Fue un proyecto de madres y niños que todavía sigue vivo.

Imagen de Caracas fue el proyecto colectivo más ambicioso en el que he estado metido (1967). Estuvo en Sao Paulo, Nueva York y va para España. Creo que se está convirtiendo en una obra mítica.

El Museo Jacobo Borges fue un sueño de hacer un espacio más allá del mero hecho de exhibir obras. Recuerdo de Catia cuando llovía todas las lagunas que se producían los pájaros… Me acuerdo de las flores y cuando tomaba leche de la vaquera que estaba al lado de mi casa y de la Laguna de Catia. Yo soy un hombre prehistórico.

El Parque del Oeste fue un proyecto maravilloso que no lo invente yo, y no se creó. Fue el plan de una gente muy visionaria, que tenía 46 hectáreas y que hubiera hecho de Catia una ciudad dentro de Caracas… Ojalá que se hiciera.

Caracas es El Ávila.

Venezuela es lo que más amo, no puedo vivir sin ella. Para mí Venezuela es el cerro Ávila. Yo no puedo vivir sin El Ávila. Cuando yo me mudé fuera de Caracas, le puse como condición a mi esposa Diana que me pusiera a El Ávila cerca. Yo he vivido en muchos sitios fuera de Venezuela, pero ahora no puedo nestar lejos de lo que no alcanza mi visión.

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