Luis Molina-Pantin: coleccionismo hecho arte

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Por Arlette Quintero / Fotos Antonio Chagin (cortesía de Faría + Gábregas Galería)

Coleccionistas de arte hay miles, pero cuando una colección se transforma en una obra de arte, cuando se emplea como lenguaje, como medio de expresión, evidencia una habilidad especial y deja atrás las obsesiones relacionadas con esta actividad

En ocasión a su última individual, titulada “Valores Humanos”, en Faría + Fábregas Galería (F+F), conversamos con este reconocido fotógrafo, quien explica, en un intento por acercarnos al conocimiento del coleccionismo, los pormenores de su más reciente obra. 

Solemos pensar en el coleccionismo como la simple acumulación metódica de objetos de importancia o valor, como el de arte, por ejemplo. Molina-Pantin no se limita a esta empresa, que no es simple ni sencilla. Trasciende a lo común interviniendo las colecciones para reinventar obras y otorgarles con ello nuevos significados.

Los expertos en adicciones lo consideran una patología, de hecho Molina aclara: “El coleccionismo es una enfermedad que todos tenemos, en poca o gran medida, yo la aprovecho y hago obras, pero con mucho cuidado de las fórmulas.

Las fórmulas son peligrosas en el arte contemporáneo, las cosas que hago son muy estudiadas y específicas, todas tienen argumento, la botella de whiskey que expongo, sin contenido, vacía, tiene mucho que ver con las personas que son pura fachada y por dentro no son nada, por ejemplo”.

IMÁGENES DE “BANCARROTA”

“Para esta exposición se me ocurrió el trabajo de las 28 alcancías de bancos intervenidos o quebrados, entonces fue toda una búsqueda particular. Se me ocurrió la idea a mediados del año pasado y en seis, siete meses, recolecté esas 28 alcancías. Fue un trabajo arduo, me movió el deseo de conseguir cosas imposibles.

Soy el mediador entre el objeto preciado y el observador afortunado, cuando finalmente llega el momento de hacerlo público (…) Me ayuda mucho tener fechas de entrega, determinan un principio y un fin, realmente hago el trabajo para la exposición”.

CONFLICTO DE VALORES

“Estos son objetos coleccionables que ya tienen un valor antes de llegar al mundo del arte. Muchos de mis trabajos, como el de los celulares, los libros del Chacal, el Manual de Carreño, son objetos que tienen un valor sagrado en el mundo del coleccionismo. El Manual de Carreño expuesto es de la primera edición, no lo tiene casi nadie, son cosas verdaderamente insólitas, son cosas muy, muy serias”.

INSTALACIONES Y FOTOGRAFÍAS

“Ambas tienen el mismo valor. En esta exposición quise hacer algo más arriesgado, quise dejar atrás mis trabajos viejos que, obviamente, son las fotografías, y adrede quise presentar los nuevos; entonces hice todas estas series con objetos. Transmití el mismo valor con el objeto como con la fotografía, sólo es una nueva etapa en la que trabajo con lo que llamo esculturas”.

Contrariamente a lo que muchos piensan, la inclusión de colecciones a la obra de Pantin precede a la fotografía misma, medio vertebral de este artista, se remonta a su infancia. “Cuando era chico me encantaba la fotografía, porque podía copiar con la cámara las cosas que me gustaban y no podía poseer.

Siempre fui muy sensible a los objetos y hasta con los paisajes, como no los podía tener, los fotografiaba y me calmaba, calmaba la ansiedad de poseerlos, de coleccionarlos”, concluye.

Más información en www.luismolinapantin.com/works.php

 

 

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