Barcelona En la retina de David Cardelús

Share Button

Por Vicky González A. / Johann Starchevich /Fotos cortesía David Cardelús

david-cardelus-retrato

David Cardelús (Barcelona, 1967) se siente cada vez más cómodo con la frase de Walt Whitman en la que afirma que la simplicidad “es la gloria de la expresión” de las cosas. Y es que tener la mitad de la vida dedicado a la fotografía –en 2016 cumplió 25 años en el oficio- lo simple es el recurso que da mayor valor para interpretar mundos a partir de la mirada. Desde que se licenció en Bellas Artes en Barcelona, la ciudad donde nació y se formó como fotógrafo y docente, Cardelús ha utilizado a la arquitectura contemporánea como puente para entender (y explicar luego) el paisaje urbano que le ha tocado inmortalizar con sus instantáneas. Pero ese proceso de “domesticación” de la retina le ha requerido tiempo. ¿Cuántos edificios, rascacielos, calles, callejones, puertas, autos, bancos y otras piezas de mobiliario urbano ha debido tomar este creador para llegar a la conclusión que la mirada es el más honesto acto de creación en la fotografía o que el oficio es un diálogo infinito con la realidad y con el espectador? “Mirar representa aprender constantemente y nada hay más importante que eso”, apunta el artista catalán, quien en diálogo con Hábitat Plus cuenta cómo la luz es un actor importante en la fotografía de arquitectura contemporánea.

 

david-cardelus-barcelona-0010

¿Por qué decidió dedicarse a la fotografía?

-Creo que siempre he tenido una predisposición para las artes, como espectador primero y como creador después, que arranca de la infancia. Eso me llevó con el tiempo a estudiar Bellas Artes en la universidad y a especializarme en fotografía. Diría que me atrajo muy poderosamente la magia de la cámara oscura y el modo en que ésta atrapaba la luz de forma tan misteriosa y que por eso investigué para saber cómo funcionaba todo. Supongo que también tengo el tipo de carácter paciente y atento a mirar cómo la luz transforma el paisaje de una manera tan increíblemente sutil como decidida.

 

– De su fotografía podríamos decir que es la fusión de la pasión y la técnica, las cuales le hacen crear composiciones serenas y minimalistas.

La pasión es imprescindible en cualquier esfuerzo artístico, seguramente también cierto arrojo y hasta puede que algo de temeridad. Aunque de forma apasionadamente controlada, más que de fusión hablaría de encontrar como fotógrafo un equilibrio muy preciso entre pasión y técnica. El equilibrio vital que te permite mirar el mundo que te rodea, comprenderlo en sus detalles e interpretarlo para poder explicarlo a los demás a través de las imágenes que creas. Hasta ahí todo es pura pasión y entonces disparas la cámara. A partir de ahí, la técnica aplicada a la creación es la que la implementa tu visión como fotógrafo. En cualquier caso, nunca la técnica ha de ser un fin en sí misma porque eso significará tal vez que tu visión sea pobre y que no te permita entonces compartir la pasión de la que tu fotografía supuestamente nace.

 

CMT Building, Barcelona– Usted es fotógrafo y profesor ¿qué le deja cada una de estas facetas para su desarrollo personal?

En mi caso, tanto la fotografía como la enseñanza son actividades que se basan en compartir una visión particular sobre la realidad y el modo de explicarla y eso significa siempre tener la oportunidad única de conocer directamente cómo otros interpretan mis fotografías, qué ven en ellas y qué les mueve a detenerse para contemplarlas. La fotografía, como cualquier otra de las artes visuales, necesita de la mirada de los otros para existir y poder enfrentarte a quienes ven tu trabajo –muchas veces por primera vez– resulta muy fascinante. Ser profesor ayuda mucho a comprender tu propio trabajo y, desde ahí, saber cómo puedes orientar y potenciar los primeros pasos de tus alumnos.

 

¿Cuál es su principal meta como docente?

Mi mayor cometido como docente es enseñar a mis alumnos a mirar, a interpretar en imágenes el mundo a partir de su propia individualidad. En fotografía, la creación está en la mirada que hace único a cada artista. Si esa mirada propia no existe, difícilmente ninguna fotografía que puedas crear emocionará a los demás y así perciban que no hay nada en ellas que pueda aportarles algo interesante. Mirar representa aprender constantemente y nada hay más importante que eso.

 

¿Qué equipo utiliza para sus trabajos?

Trabajé durante muchos años con una fantástica cámara SINAR hecha en Suiza que producía diapositivas de 4×5 pulgadas equipada con lentes Schneider. Ahora uso cámaras y lentes ‘descentrables’ Canon para tratar de replicar el mismo modo pausado y eficiente de trabajar con la cámara de gran formato y diría que lo he conseguido.

 

¿Qué considera más difícil de trabajar: la arquitectura o el diseño de interiores?

Los dos son complicados de trabajar, principalmente por la dimensión de los proyectos y por la cantidad de control que puedes ejercer sobre los encuadres que en ellas produces. Dejando de lado que siempre dependes del tiempo atmosférico para poder tener una buena luz solar que sea constante e interesante, la arquitectura representa trabajar en la calle con la enorme cantidad de variables que puedes encontrar para gestionarlas a tu favor: tráfico, trabajos de construcción, personas pasando. En el diseño de interiores muchas veces sucede que el espacio no es todo lo amplio que sería necesario para poder capturarlo sin deformarlo y ser coherente con el proyecto del autor. Al final todo está en buscar soluciones que sean viables y eficientes.

 

¿Qué ama de la arquitectura?

Muchas veces he pensado que más que fotografiar arquitectura lo que hago es fotografiar esculturas en la calle. De hecho, creo que tiendo a mirar los edificios como si fuesen enormes esculturas bañadas por la luz del sol. Eso es lo que verdaderamente amo, el modo en que la luz transforma la ciudad. Si lo piensas, todos los años las estaciones se suceden de la misma manera pero la luz siempre es diferente y única. Siempre tengo presente la cita de Louis I. Kahn que dice: ‘La arquitectura aparece por primera vez cuando la luz del sol da en una pared’.

 

¿Qué debe comunicar una buena fotografía de arquitectura teniendo en cuenta la evolución tecnológica digital actual?

Sea de matriz analógica o digital, una buena fotografía de arquitectura tiene que sintetizar de forma muy simple los elementos esenciales del proyecto de arquitectura para que la imagen pueda atraer a quien la mire, le pueda explicar de modo sencillo y cautivador el proyecto y, no sólo eso, sino además seducirlo para que quiera saber más sobre la arquitectura que le estamos mostrando.

 

¿Cuál sería para usted el decálogo de un buen fotógrafo?

Trato de ser muy coherente con varias ideas que admito que son las que en definitiva impulsan mi trabajo como fotógrafo, como fotógrafo de arquitectura. Sobre todo considerando que la fotografía no es un documento, es una interpretación de la realidad. Que el más honesto y verdadero acto de creación en fotografía es mirar, que la fotografía transforma la realidad con su mirada y que por eso la fotografía es toda ella un diálogo infinito, con la realidad y con el espectador. Establecidas estas reglas esenciales, a continuación ser muy riguroso en comprender la realidad que estás mirando porque la fotografía nace de una mirada informada y, mucho más, de una mirada intencionada. Y en lo que se refiere a la resolución técnica de una fotografía, saber que nada hay más importante que escoger un buen punto de vista, que distribuir los elementos del encuadre es lo que verdaderamente da sentido a la imagen y que, en fotografía de arquitectura, nunca nada es lo que parece y nada ocurre por casualidad.

 

–  ¿A quienes admira y cómo han influenciado en usted?

En la fotografía: Creo que mi mayor influencia como fotógrafo de arquitectura es toda la obra de Ezra Stoller. Su modo de mirar los edificios y de atrapar en una sola imagen las características únicas de la arquitectura y de hacerlo además de un modo plásticamente muy atractivo me han impresionado siempre mucho. El hacer de la fotografía aplicada a la comunicación un objeto estético y una obra de arte al mismo tiempo le convierten a mis ojos en el padre de la fotografía de arquitectura contemporánea.

En la arquitectura: Cuanto más fotografío el patrimonio arquitectónico, más admiro a los arquitectos que crearon obras de arte que han sido capaces de trascender el tiempo y de sorprender aún hoy a quienes las contemplamos. Si pienso en los riesgos creativos que representaba hace cien años o más, el defender sus diferentes propuestas, no puedo más que respetarlos. He podido fotografiar últimamente las obras de Lluís Domènech i Montaner y de Antoni Gaudí y no puedo dejar de sorprenderme.

En el interiorismo: He tenido la inmensa fortuna de trabajar durante veinte años para el estudio del diseñador catalán Agustí Costa fotografiando buena parte de sus proyectos de interiorismo. Le considero un maestro por la coherencia, energía, rigor y valentía que todas sus propuestas de diseño plantean poderosamente sin excepción. Le considero también un mentor por tanto como he aprendido de él sobre cómo ser un autor que habla con una voz propia y cómo ser fiel a esa actitud profesional.

 

– Sus Fotografías son una especie de descubrimiento, pues en ellas se logran observar lo que otros no han destacado, por decirlo de alguna manera. ¿Usted qué piensa sobre esto?

La mayor dificultad de la fotografía es que trabaja con la realidad y eso significa que la simple relación cotidiana con ella nos impide verla estéticamente. Para poder explicarla necesito mirarla y encontrar los elementos más simples que la hagan atractiva, coherente e inteligible, necesito buscar lo que alguien llamó en una ocasión el orden oculto de los detalles. En mi caso trato de conseguir esa coherencia apelando a las líneas, a las formas, a los colores que están continuamente presentes en el paisaje urbano aunque muchas veces son casi invisibles. En ese sentido, tanto descubren el fotógrafo al mirar la realidad como el observador al contemplar la fotografía. La cuestión al fin y al cabo es siempre establecer algún tipo de comunicación emotiva con el espectador a través de la imagen, por lo que ésta representa y por cómo lo representa.

 

– Cuando se observa su fotografía pareciera que todo estuvo dispuesto para lograr esa excelente imagen, pero para usted cuál ha sido el trabajo más difícil para capturar en imágenes.

De hecho, todo está dispuesto cuando has creado primero la imagen en tu mente y a partir de ahí la resuelves técnicamente. Todo se basa en escoger un punto de vista concreto que es el que determina cómo se distribuyen los elementos del encuadre. Cuando el punto de vista está claro, muchas otras decisiones necesitan ser tomadas porque todas afectan a la apariencia final de la fotografía y a la visión que quieres implementar. No es lo mismo un punto de vista más o más bajo, más a la derecha o más a la izquierda, una luz frontal que una lateral, una lente angular que un teleobjetivo … Todas esas decisiones dicen algo concreto de ti como fotógrafo y son la que de alguna manera construyen tu estilo personal.

 

¿En cada trabajo conversa previamente con los diseñadores o arquitectos?

Lo considero imprescindible y si puedo pasear también con ellos por el proyecto lo hago siempre que sea posible. Cuando alguien me confía fotografiar una obra de arquitectura en la que ha invertido un gran esfuerzo durante muchos años, toda la información necesaria para comprender las claves que me permitan mirar el proyecto y comunicarlo en fotografías es mucho más que vital para el éxito de la colaboración entre un arquitecto y un fotógrafo. Si no lo hago así y no alcanzo a entender el proyecto en toda su complejidad, seguramente pasaré por alto elementos que son importantes y que quedarán sin explicar.

 

¿Qué otros campos de la fotografía le gustaría explorar?

Estudié en su momento la representación del cuerpo humano, en particular del desnudo femenino, y tal vez me gustaría regresar a este campo como contrapunto de la fotografía de arquitectura. En ocasiones también he tomado algunos retratos e intuyo que también ése sería un gran camino para explorar.

 

¿Usted conoce Venezuela? ¿Qué sabe del país a través de la fotografía o los fotógrafos?

Me temo que no he tenido aún la ocasión de visitar Venezuela, aunque uno nunca sabe del todo cuándo y cómo surgen las oportunidades de viajar y fotografiar un paisaje completamente nuevo. En lo que se refiere a mi campo concreto, he visto en los últimos tiempos muchas fotos de la Torre de David en Caracas y sé que, a partir de esas imágenes, se ha generado un debate muy intenso sobre cómo el periodismo fotográfico y la fotografía de arquitectura más ortodoxa pueden relacionarse y combinarse. En explorar esa síntesis estoy convencido de que mis colegas venezolanos tienen muchísimo que decir y que enseñarnos.

 

david-cardelus-barcelona-0008

 

Un país: Más que de un país hablaría de varias ciudades por la enorme fascinación que siento por el paisaje urbano. Volvería siempre que me fuese posible a Nueva York, París y Londres y me encantará conocer, cuando encuentre la oportunidad de visitarlas, Tokio, Chicago y Berlín.

Digital o analógico: No hay ninguna diferencia. El recurso técnico que uses no ha de ser un impedimento para dejar de expresar tu visión. Tienes que escoger el que mejor se adapte a lo que tú quieras comunicar en tus fotografías, pensar en analógico o digital como una decisión creativa más.

 Su foto de arquitectura predilecta: En realidad son dos, ‘Moonrise over Hernandez’ de Ansel Adams de 1941 y ‘The Flatiron’ de Edward Steichen de 1904. Creo que son sin duda las dos imágenes que hicieron de mí un fotógrafo de arquitectura.

Un diseño: Siempre me ha gustado muchísimo el jarrón que Alvar Aalto diseñó en 1936, mirar esas formas tan orgánicas y elegantes. Me parece una pieza de diseño de una simplicidad genial.

Barcelona: Mi ciudad es un gran museo, a cielo abierto, de arquitectura y diseño contemporáneos que tiene la dimensión perfecta para recorrerla a pie y contemplarla en toda su riqueza de detalle. Su paisaje urbano evoluciona constantemente y nunca, sin excepción,  te deja indiferente.

Una luz: Aunque resulte tal vez un tópico dicho por un fotógrafo, es cierto que hay unos veinte minutos de claridad después de la puesta del sol en los que la ciudad se revela con una luminosidad y un color de una intensidad preciosas. Esa luz dura muy poco pero da a la arquitectura todo el aspecto de quedar como fuera del tiempo.

 La hora perfecta: No es una hora, es un instante perfecto. Hay un momento preciso en el que percibes que la imagen que has creado en tu mente aparece tal cual en el visor de tu cámara, un momento en el que todo encaja como habías previsto. No un instante decisivo pero sí un momento de limpia perfección.

 Un ritual: Necesito ser muy riguroso para seguir uno tras otro todos los pasos de mi proceso de trabajo y para explorar al mismo tiempo alternativas que me permitan encontrar nuevos recursos expresivos. Soy muy riguroso siguiendo mis propias reglas pero muy poco disciplinado si necesito cuestionarlas.

 

 

Para conocer más del trabajo de David Cardelús puede contactar a:

barcelona@davidcardelus.com

http://www.davidcardelus.com

 

 

 

 

Share Button